Caos Calmo (A. Grimaldi)

miércoles 30 julio 2008

La última película que he visto en las salas comerciales es Caos Calmo, un film de Antonello Grimaldi basado en la novela homónima de Sandro Veronesi y protagonizado por Nanni Moretti, que no actuaba bajo las órdenes de otro director desde 1995, cuando participó en La seconda volta de Mimmo Calopestri.

Caos Calmo cuenta la historia de un hombre que un día salva la vida a una desconocida en la playa, mientras en casa su mujer muere de un aneurisma delante de la hija de ambos. Esta trágica casualidad situada al inicio de la trama transformará la vida del protagonista, y le hará adquirir hábitos algo extraños.

El film ha dado bastante de que hablar por una escena de sexo entre Moretti e Isabella Ferrari, por lo que ha sido satanizado por el Vaticano y encolerizado a Moretti.

Polémicas y escenas de sexo aparte, la película supone un respiro entre la poca calidad de las películas estrenadas en este época del año. Es una película de una sensibilidad callada, de extraordinario microcosmos, tranquila en el detalle cotidiano, de gran profundidad con una apariencia de pasividad simple, donde pasa mucho aunque a cierta distancia de la calidad de "La habitación del hijo", dirigida por el propio Moretti.

Mr. Love & Justice (Billy Bragg)

miércoles 30 julio 2008

Tras la última colaboración con Wilko para editar los dos volúmenes de Mermaid Avenue conteniendo temas con letras del gran Woody Guthrie, Billy Bragg ha editado el pasado mes de marzo nuevo album cargado una vez más de letras con un alto compromiso social.

Como ya nos viene acostumbrando, con un sonido menos eléctrico y más sosegado que en sus primeras entregas, el cantautor londinense nos regala un conjunto de canciones meláncolicas pero no por ello ajenas a su militancia izquierdista.

Bragg, al igual que en su vida privada, sigue fiel a su compromiso social. Además de visitar cárceles o hacer campaña contra las tropelías del Partido Nacional Británico sigue recorriendo el planeta para explicar sus principios en numerosos conciertos. Lamentando el no haber podido acudir al realizado hace unos cuantos años en la Plaza do Toural en Santiago de Compostela guardo la esperanza de verlo pronto pisar las calles de Santiago (o otra ciudad cercana) nuevamente.

Españoles y españoleiros

miércoles 30 julio 2008

Cuando veo cualquier manifestación pública del índole que sea en la que aparecen de forma gratuita banderas españolas, la primera imagen que me viene a la cabeza es la rueda de prensa en la que el PCE anuncia su legalización en plena transición democrática. 

En un alarde de coraje y en mi opinión de inteligencia, dan el comunicado con la bandera rojigualda de fondo. Con este símbolo el PCE da a entender su compromiso con el proceso que se ha iniciado buscando la unidad de todos los españoles en un momento realmente conflictivo. Aunque posteriormente surgieron numerosas críticas por parte de la izquierda más extremista es un hecho que no debería extrañarnos si atendemos a uno de los principios fundamentales de los partidos de izquierda: el internacionalismo.

Es decir, la máxima que se persigue es una mejora de las condiciones para el conjunto, por lo que no me cansaré de repetir que los nacionalismos son propios de políticas de derechas al buscar eso mismo pero para un conjunto reducido dentro de un ámbito más extenso. La prueba es que ante esta actitud de renuncia momentánea de aspiraciones secundarias - instauración de la República - para facilitar en este caso la convivencia de todos los españoles observamos últimamente de forma contrapuesta conductas  excluyentes en la vida diaria por parte de los movimientos nacionalistas.

Y cuando digo nacionalismos no me refiero exclusivamente al propio de las comunidades históricas del estado español. Me parece igual de reprobable el que quema una bandera española como el que alardea de ella fuera de contexto sea en un partido de fútbol entre dos equipos españoles o en una manifestación contra la educación de la ciudadanía.

No me molesta en absoluto esa bandera, es la que aparece en la Constitución, y me alegra por lo que supone que la izen en cualquier competición que ganemos. Lo que no me parece admisible es que alguien se escude en ella para hacer entender que es más patriota que el resto.

No debemos confundir el concepto de españoleiro, lo que yo entiendo por aquel sujeto de marcado carácter nacionalista cuyo sentimiento nacional se centra fundamentalmente en una bandera, con español, aquel que sin hacer continúo alarde de su nacionalidad porque posiblemente lo vea superfluo, contribuye al desarrollo del país con sus impuestos y respetando las reglas del juego democrático.