Incoizquierda

viernes 08 agosto 2008

Navegando por internet me encontré con un discurso en el que el autor hablaba sobre los referentes del votante de izquierdas y llegaba a la conclusión que si se hiciese una encuesta los personajes mejor valorados seguramente serían Antonio Gramsci y Ernesto Che Guevara.  La razón es la coherencia mostrada por los dos a lo largo de su vida.

Lamentablemente esa coherencia es un valor que se está perdiendo en todos los ámbitos y el espectro político de izquierdas no iba a ser una excepción. Venimos sufriendo dese hace tiempo desafortunadas manifestaciones públicas que en mi caso personal no hacen otra cosa que confundirme.

Valoro el esfuerzo de regímenes latinoamericanos por dejar de lado la política neoliberal dominante y optar por economías más sociales. Incluso aplaudo decisiones de intento de nacionalización de recursos estratégicos nacionales en manos de capital extranjero. Lo que no comprendo es que quien quiere ver en ellos ahora un referente justifique actuaciones que se salen del marco legal y que realizadas por la derecha serían inmediatamente criticables. No hay que olvidar que Chavez obligó a integrar a todos los partidos de izquierda en su partido político, haciéndolos desaparecer como tal, y que Cuba, responsabilidad norteamericana aparte, no deja de ser un dictadura.

Veamos, nadie duda en considerar como una alteración de la justicia el decreto aprobado por Berlusconi para obtener inmunidad o una violación de los derechos fundamentales la censura impuesta por Putin a los medios de comunicación en Rusia. Sin embargo se justifica el cierre de emisoras de radio en Venezuela o que existan presos de conciencia en Cuba.

¿Por qué? Imagino que es la necesidad de buscar un espejo en el que mirarse en aquellos países en los que no gobierna la derecha. De hecho es un tema que viene de atrás, ya que la Unión Sovietica siempre se consideró el modelo a imitar a pesar de sus graves errores. Antes se tenía la excusa de la falta de transparencia y de información de lo que realmente estaba ocurriendo pero hoy en día la comunicación fluye al instante y si se desvelan secretos de Estado como los campos de internamiento de Guántanamo más evidente resultan esas actitudes populistas tan proclives a salir por televisión.

A lo que intento llegar es que la izquierda en conjunto tiene que comportarse como un observador y emprender medidas correctoras ante desviaciones tan nefastas de su contenido programático por que finalmente se vuelven en su contra. Hay que apoyar esos procesos pero desde la crítica constructiva con la finalidad de eliminar los defectos para demostrar al mundo que el cambio, más allá del pseudoprogresismo, es posible.






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