Novecento (B. Bertolucci)
lunes 11 agosto 2008
Sorprende - o no - leer ciertas críticas sobre esta película y caer en la desazón de que los prejuicios nublan la razón. Al igual que con otras grandes películas sociales de la historia del cine como El Acorazado Potenkim, Novecento no se libra de los calificativos de propaganda minimizando sus grandes cualidades técnicas. Ideologías aparte, Novecento fascina por la sutil metáfora que envuelve el argumento, el detallismo del casting empezando por un Burt Lancaster ejerciendo de "padrone" o la traca final que se antepone a los títulos de crédito. Al contrario que otros lectores, creo que la película es un ejercicio de realismo. Bertolucci simplemente se limita a narrar una parte de la historia reciente de Italia desde una óptica aséptica sin encumbrar realmente a nadie ya que hasta Olmo tiene sus pecados. La única contribución ideológica del director es el intento de buscar una explicación a los acontecimientos desde la praxis marxista: el papel del desarrollo tecnológico, la lucha de clases, etc y es que, queramos o no, es una de las doctrinas más influyentes de la teoría ecónomica. Únicamente el final utópico cae en el ámbito subjetivo fuera del mero desarrollo histórico. Novecento, a mi entender, sin serlo se encuentra a la altura de las muchas obras de maestros del neorrealismo italiano (De Sica, Rosellini, Fellini), por contenido y calidad. Es más, junto con Amarcord y El ladrón de bicicletas componen la dificil elección de mis tres películas italianas favoritas.